2 técnicas indispensables para que hablar en público sea un placer, y nadie las ve

Tod@s vivimos la experiencia de hablar en público frente a pocas o muchas personas, en algún momento de nuestra vida. Independientemente del tipo de exposición, según nuestra experiencia, la mayoría de las personas afirma haber pasado un mal momento aunque el resultado haya sido aceptable y el mensaje haya sido comunicado y recibido adecuadamente. 

Esto no debería ser así, estamos seguras de que tod@s podemos pasar del temor al goce que produce hablar en público. En efecto, para nosotras, hablar en público es un placer porque hemos entrenado intensamente con diferentes técnicas que nos han permitido desarrollar la habilidad para sentirlo de esta manera. 

¿Pensaste que disfrutar de esta actividad dependía de la personalidad de cada individuo? Por suerte, comprobamos día a día, que hasta la persona más tímida e introvertida puede disfrutar hablar en público si se prepara para ello. 

Te invitamos a descubrir y comprobar dos técnicas que te permitirán lograrlo, porque somos por naturaleza seres sociales: la capacidad de comunicarnos está dentro nuestro. Por eso afirmamos que hablar en público, independientemente del número de personas al que uno se enfrente, es posible. Y, además,  comprobamos que no sólo es posible, sino que podemos hacerlo y disfrutarlo

Habitualmente creemos que hablar en público se reduce al momento exacto en el cual nos exponemos y manifestamos, sin embargo, si nos centramos en el momento previo y posterior de la puesta en escena, nuestro crecimiento será aún más significativo.  

En el artículo de hoy nos centraremos en dos técnicas que, en general, no tenemos en cuenta en el momento de hablar en público, pero que tienen un alto impacto para el/la orador/a: una técnica para aplicar antes de hablar en público y otra para hacerla después de hablar en público. 

Como decimos habitualmente: L@s orador@s se hacen hablando. Entonces, este proceso requiere del deseo claramente definido, la perseverancia en el entrenamiento y la confianza en el potencial como orador-oradora. Este proceso es una transformación porque moviliza todas las dimensiones del ser. Empieza desde adentro de nosotr@ mism@s y se expande hacia afuera. Según Alex Rovira, existen 5 claves para la Transformación: 

  • Actitud: querer. 
  • Conocimiento: saber. 
  • Habilidad: poder. 
  • Compromiso: legar. 
  • Ética: respetar.

Para iniciar este camino,  es necesario que determines, con una inmensa confianza y seguridad, tu decisión de disfrutar hablar en público. Decidir entrenar tus habilidades para hablar en público requiere 3 elementos claves: 

  • Valentía.
  • Responsabilidad. 
  • Fe en vos mism@.

En nuestros entrenamientos  e incluso en nuestro libro: “Entrenamiento en Oratoria: el método para hablar en público y disfrutarlo” siempre dedicamos tiempo al precalentamiento, una práctica que pretende estimular la flexibilidad del orador/a, teniendo un efecto positivo en el transcurso del entrenamiento. 

Entonces, una vez que la decisión de hablar en público y gozarlo está tomada. Debés aplicar estas 5 ideas de precalentamientos antes de hablar en público: 

  1. Decir un trabalenguas.
  2. Cantar una canción.
  3. Bailar con todo el cuerpo. 
  4. Leer un texto haciendo variaciones en el volumen.
  5. Respirar de manera consciente.

Este tipo de prácticas te predisponen para la acción y es una instancia necesaria para poder llevar a cabo cualquier exposición en público de manera correcta. Esta es la técnica que te proponemos para aplicar antes de hablar en público, podés recurrir a ella horas previas al momento de hablar en público o asiduamente en tu vida cotidiana, los resultados que obtengas serán excelentes. 

La segunda técnica que proponemos es para después de hablar en público: la autoevaluación, es una instancia en la que vos mism@ evaluás cómo resultó la presentación.

Te damos 4 recomendaciones para realizar la autoevaluación de tu exposición pública: 

  1. Debés  realizarla antes de las 24 hs siguientes de finalizar la instancia de comunicación. 
  2. Debés tener claros los ítems a evaluar (podés pensarlos previamente: tu lenguaje corporal, el manejo de la información, la respuesta del público, tus emociones antes, durante y después de la presentación, los aspectos a mejorar, tus debilidades, etc. )
  3. Debés poder medir de manera precisa los resultados, es decir indicar parámetros para la evaluación.
  4. Debés trabajar de manera seria, objetiva y sincera.
  5. Volvé sobre los aspectos a mejorar y reconocé lo que salió bien.  

Si al autoevaluarte, detectás situaciones negativas o que te salieron mal, recordá que el orador/a víctima usa el “es que” como excusa, en cambio, el orador/a protagonista usa el “hay que” como solución. Es decir que, independientemente de las razones por las cuales ocurrieron estas situaciones, debemos tener la capacidad de ocuparnos de ellas. ¡Vos podés elegir el rol que te permite crecer! 

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